El padre olvidado de los geógrafos críticos: Yves Lacoste

15:05


Lima.- 31 de Julio del 2014

El extraordinario libro “La geografía: un arma para la guerra” de Yves Lacoste presenta muchos argumentos respecto a lo que es la geografía  hasta 1976 –año en que se publicó el libro en París- y lo que debería ser la geografía en el futuro. Yves Lacoste, considera que la geografía es un arma para la guerra, algo que, en su opinión, ha sido ocultado por el poder del gran capital, pero también cree necesario que los estudiosos geógrafos deben desarrollar una geografía marxista, aun inexistente o poco desarrollada.

La importancia de Lacoste destaca entre los geógrafos por la claridad con la que expresaba sus ideas. Las líneas dedicadas al marxismo y a otros aspectos éticos se encuentran en la segunda mitad de su libro, mientras que en la primera se dedica principalmente a un análisis de la sociología de la geografía y a difundir lo que él considera el objetivo prioritario de esta ciencia: servir para la guerra.

En esta ocasión, nos enfocaremos en la segunda mitad del libro para dejar claro que muchas de sus sugerencias éticas siguen presentes en los llamados geógrafos críticos hoy en el siglo XXI, a pesar de que muchos de ellos no hayan reparado en las fuentes de su idea por parte de algún geógrafo. Sin embargo, no todas sus ideas han sido asumidas en la doctrina crítica, pues este movimiento ha pasado por alto–probablemente de forma inconsciente- una parte importante de su pensamiento que –quizá- habría brindado mejoras en la investigación geográfica de los marxistas y en otros quizá simplemente la habría empeorado o dificultado, no sin antes contribuir con una crítica necesaria al proceder del profesional, desde una óptica interesante como la de Lacoste. En este artículo resumimos cada uno de esos aspectos: las ideas adoptadas por los geógrafos críticos y lo que dejaron de lado de la obra de Yves Lacoste.

La revista más popular "Herodoto", de la mano con su tesis, la geografía un arma para la guerra, es parte de los aportes de Yves Lacoste

Certeza del marxismo

Yves Lacoste asume decididamente que los análisis marxistas son una representación fidedigna de las relaciones sociales. En la actualidad, muy pocos geógrafos –y en general, cualquier persona-tendría tal valentía para afirmar que el marxismo, en su vertiente de teoría social del capitalismo, es una representación que calza apropiadamente con lo que ocurre en el mundo contemporáneo. La implosión demográfica del movimiento marxista desde finales del siglo XX así como la liberalización económica mundial, marcan la pauta de lo ocurrido en el mundo del conocimiento también, donde una mayoría dispone de teorías sociales diferentes a los conceptos y elaboraciones teóricas complejas de los marxistas.

Una muestra de esta certeza que había en la teoría marxista, según Lacoste, se demuestra cuando las instituciones de investigación social confían en un estudioso marxista –que podría ser un geógrafo- para dirigir o ser parte de los proyectos de investigación científica.

Cabe decir incluso que, muchas veces, cuanto más corresponde el objeto de la investigación a tensiones políticas graves mayor es el número de geógrafos marxistas (de sociólogos marxistas, de urbanistas marxistas) que obtienen el contrato de investigaciones que permitirá su análisis”.
“Claro está, no se confían estas investigaciones de manera deliberada a los marxistas, que aparecen más o menos marxianos en la exposición de su programa de investigaciones, pero su problemática se impone como la más eficaz, como la más pertinente…”. (p. 114)

Esta confianza en la teoría de las relaciones sociales de producción, del plus valor, de los antagonismos sociales irresolubles dentro del sistema y del desarrollo de la conciencia de clase social, son considerados como verdades en la mayoría de miembros del movimiento denominado “geografía crítica”, tal como las considera el mismo Lacoste. Es cierto que hoy es difícil escuchar o leer apartados referentes a la geografía marxista, en realidad se habla mucho más acerca de la geografía crítica, pero eso no implica que, al igual que Lacoste, consideren como verdaderas las conclusiones teóricas de Carlos Marx y muchos de sus sucesores. He aquí una primera consideración común, entre Yves Lacoste y los geógrafos críticos.

Papel de los objetos de estudio en geografía humana

Yves Lacoste titula un capítulo de su libro “Las mujeres y los hombres que son “objeto” de estudios”, donde elabora un juicio ético negativo sobre la praxis de los investigadores que no son sinceros con la población que es objeto de su estudio. Es decir que al callar las razones por las que realmente van a estas comunidades, están haciéndole daño a la población por lo siguiente:

La población no tendrá acceso a la información sistematizada que dirige el Estado o una institución privada.
No mejorará o solucionará los problemas sociales que aquejan a la población, sino que incluso pueden agravarse al no conocer los análisis espaciales de su territorio y no poder combatir con ese saber a las empresas transnacionales y el saqueo que sufrirán.

Para solucionar este percance ético sobre el objeto de estudio de los geógrafos, Lacoste propone que se informe a la población, cuál es el motivo de las investigaciones de que son objeto. Una vez enterada la población, deberán esperar que esta les dé el visto bueno para proseguir con la investigación, en caso contrario no debería realizarse tal estudio.

Es cierto que una vez revelados los objetivos de una determinada investigación al grupo que debe ser su objeto, ésta no podrá llevarse a cabo y el geógrafo deberá partir. En determinados casos, resultantes de un mal entendimiento, esto puede ser lamentable. Pero las más de las veces será para bien y gracias a ello no podrán practicarse ciertas fechorías. Pensándolo detenidamente, es totalmente justo que un grupo se niegue a ser estudiado y se oponga a que se enlace su manera de utilizar el espacio en que vive”. (p. 125)

En la actualidad, los geógrafos críticos suelen postear en los sitios web de redes sociales que “una investigación de tesis no mejorará la vida de las poblaciones estudiadas” o ponen en boca de las poblaciones estudiadas preguntas como “¿en qué mejorará mi vida si logras hacer tu tesis?”. Evidentemente, algún nexo hay entre la sistematización de Lacoste y las pretensiones de los geógrafos críticos contemporáneos. Sin embargo, la diferencia más saltante es que Lacoste lleva hasta el último término tal consideración ética y propone que no se estudie a una población sin su consentimiento. Hasta ese punto no han llegado los geógrafos críticos actuales.

En opinión de ungeografosingeografia, resulta complicado asumir la sugerencia ética de Lacoste, a pesar de las buenas intenciones que pueda tener en el fondo. En primer lugar, porque no toda investigación se realiza con el objetivo de practicar actividades dañinas para las poblaciones que se encuentran en el área de influencia de algún proyecto.

Pero en caso se trate de estudios previos para desarrollar industrias extractivas, como los estudios de impacto ambiental, la solución no radica de modo fácil haciendo consultas previas. En la actualidad tenemos el caso peruano, donde recientemente se ha aprobado una “ley de consulta previa”. Consiste en realizar una consulta formal a las poblaciones nativas o indígenas –es decir, aquellas que rigen su vida por un conjunto de leyes y derechos consuetudinarios muy diferentes al del Estado peruano; o que simplemente adquirieron tal denominación tiempo atrás- antes del inicio de una actividad extractiva que tenga un impacto ambiental muy fuerte.

Lo que ha ocurrido, según el geógrafo peruano especialista en temas ambientales Walter Díaz Cartagena, es que se desarrolla una negociación muy ambiciosa entre la empresa y las comunidades que viven dentro del área de influencia, a las que se les aplicará la consulta previa, donde definirán los beneficios que obtendrán si están dispuestas a aceptar dicha actividad extractiva. El problema es que en el área de influencia, principalmente en el caso de comunidades amazónicas, aparecen muchísimas nuevas comunidades asentadas desde que se enteran que allí se desarrollará un proyecto. ¿Cuál es el objetivo de las comunidades? Obtener todo el beneficio posible que puedan negociar con la empresa, lo cual va desde recursos tangibles e intangibles, e incluso dinero en efectivo. Por lo tanto, queda claro que no todas las comunidades o sus miembros están dispuestas a repeler la actividad extractiva o la odien per se ni una consulta es el mejor método en comunidades como las amazónicas, donde el reasentamiento espacial es fácil de practicar, ya que no hay derechos privados sobre la tierra que no permitan dicho reasentamiento, ni tampoco presencia del Estado.


Pero, si no se tratará de actividades extractivas, negar la investigación puede traer mucha desinformación para todos. Hoy, con la globalización 3.0 podemos tener acceso a un caudal inmenso de información que sigue sin ser revisada por muchísima población que prefiere la industria del entretenimiento u otra distracción como pasatiempo antes que el estudio. El problema no radica en la información oculta, sino en la dejadez del público en no tener intenciones de enterarse de las cosas y estudiar a fondo los temas de interés. Hoy tenemos más información que nunca, pero hay menos intenciones de revisarla.

En sintonía con lo anterior, Yves Lacoste reniega de las instituciones privadas que realizan investigaciones y no difunden sus resultados. Desde un punto de vista científico eso sería negativo, sin embargo, pensando esta idea y contextualizándola en el mundo contemporáneo, no sería compatible con la llamada economía del conocimiento. La competitividad empresarial radica también en el secretismo de las fórmulas (para bebidas como Coca-Cola, o en investigaciones de fármacos), de los procesos, de los softwares, e incluso de los recursos naturales. Sin embargo, en los temas geográficos o de ocupación de la superficie terrestre en general existen muchas instituciones que han brindado mucha información relevante. A diferencia de lo que creía Lacoste, hoy tenemos más capas e imágenes satelitales que nunca, disponibles gratuitamente, por lo que resulta jocoso creer que toda esa información la mantenían en secreto porque era un arma para la guerra total. Si así fuera, google mapas no existiría. Curiosamente, los estados marxistas son los que no permiten el acceso a internet a su población, y menos a la cartografía, como ha sido Cuba y como sigue siéndolo Corea del Norte, por citar ejemplos.

En todo esto, existe alguna relación entre Yves Lacoste y los geógrafos críticos, sin embargo hoy los geógrafos críticos son cautos y apenas llaman la atención de la inutilidad de sus tesis. Sin embargo, la solución a este asunto ético que preocupa a varios debe buscar soluciones por otro camino.

Dificultades entre geografía humana, geografía física y marxismo

Uno de los más antiguos síntomas de las dificultades de los “geógrafos marxistas” ha sido la orientación de algunos de ellos, y no precisamente los menos importantes, hacia el estudio casi exclusivo de los problemas de geografía física y muy especialmente de geomorfología, que está claro que dependen en escasa medida de una problemática marxista”. (p. 85)

En este caso, también aparece algún parecido con las ideas de los geógrafos críticos, solamente que ahora los geógrafos críticos, al menos los que se manifiestan abiertamente en los eventos latinoamericanos, no creen que exista una “geografía física”, pues la geografía es una ciencia social a secas. El estudio de las variables físicas es un complemento para entender a la sociedad, y no una rama independiente con igual estatus epistemológico, como se ha considerado durante mucho tiempo con la división en geografía humana y geografía física. En este caso, Lacoste reflexiona y concluye que el marxismo tiene un papel en la geografía humana mucho más marcado que el que ejerce sobre la geografía física, pero no por ello desconoce la existencia de esta geografía. En ese sentido, hay una diferencia, pero se asemejan en cuanto Lacoste considera a la geografía física como un problema, como una elección del síntoma “de las dificultades de los geógrafos marxistas”.

Marx, marxistas y la geografía

Un punto muy importante, sobre el cual los geógrafos críticos no se han pronunciado abiertamente es sobre el determinismo geográfico, y la obra de Marx y los marxistas. Por determinismo geográfico se entiende vulgarmente que son exclusivamente los factores naturales los que dominan el comportamiento social y psicológico humano. En realidad, resulta increíble que prácticamente nadie haya defendido descabellada tesis, pero que muchos geógrafos la critiquen sin mayor información de respaldo. La revisión de los textos de Ratzel y Huntington no aclara tan radical postura, aunque este último autor quizá sea un representante aproximado.

Sin embargo, tomando en cuenta tal definición, citamos a Lacoste:

Lo que más sorprende no es tanto la falta de interés de Marx por los problemas geográficos como la disyunción entre sus textos teóricos más acabados, El Capital en primer lugar, y sus textos más circunstanciales, militares o político-estratégicos. Lo que sorprende, en el seno mismo de los textos más acabados, no es tanto la ausencia de interés por los problemas geográficos como la irrupción de una problemática globalmente aespacial de razonamientos geográficos, groseramente deterministas”. (p. 82)

En este caso, si asumimos como determinista la definición arriba colocada –y que no compartimos como falsa, pues un factor natural puede ser tan poderoso en determinadas circunstancias que fuerza el accionar un humano en una dirección determinada-, resulta contradictorio, leer al final del libro una reflexión sobre el Che Guevara y el papel del ambiente en que practicó el intento de revolución en Bolivia.

“La tragedia del Che ha demostrado que no todas las montañas boscosas de América Latina eran, en determinado momento, el equivalente estratégico de la Sierra Maestra; ¿cabe decir que quienes lo creyeron han muerto por esta falta de análisis geográfico, por tanto, por este error estratégico, mientras que en otros lugares, quizá incluso en las montañas próximas a aquellas en las que fracasaron, acaso habrían conocido la victoria?” (p. 149)

No es desestimable la aseveración, sin embargo para alguien que reniega del determinismo, resulta extraña. Al parecer, lo que Lacoste quiso decir al calificar a Marx como determinista en realidad debió ser “simplista”. De modo tal que Marx tenía una visión simple de la geografía, mas no determinista, aunque es difícil demostrar que eso sea realmente lo que Lacoste quería referir sobre el Capital de Marx.

De otro lado, Lacoste consideró que los aportes de Rosa Luxemburgo y de Antonio Gramsci no han sido tomados en cuenta para desarrollar la geografía marxista, aun cuando eran los más adecuados, y que probablemente se deba al legado del estalinismo. Sin embargo, habría que recordar los textos de Stalin sobre “la cuestión nacional”, que tienen importancia para el estudio dela geografía política. No obstante –valgan verdades- la sociedad estalinista promovía un sistema de censura científica distinto al ritmo de vida megalothymótico que llevó el propio Stalin, por ello, la aclaración de Lacoste podría no descartarse de inmediato, y requiere una evaluación detallada. O sea, Stalin desarrolló una obra que otro individuo soviético no tendría el permiso de desarrollar o criticar. Lo anterior es un intento de interpretación de las aclaraciones de Lacoste sobre el estalinismo, a la luz de los acontecimientos, sin embargo no sabemos lo que en realidad haya ocurrido con la teorización espacial en el mundo soviético respecto a la ausencia de marxismo en sus estudios geográficos. 


De cualquier modo, no resulta sencillo encontrar aseveraciones semejantes entre los geógrafos críticos contemporáneos con los intentos de crítica de Lacoste en el seno del marxismo. Lo cual significa otra diferencia más.

El aporte de la New Geography o Geografía cuantitativa

De todos los temas vistos, en opinión nuestra, el más llamativo resulta ser la consideración que tiene Yves Lacoste respecto a la New Geography o Geografía cuantitativa. A diferencia de los geógrafos críticos contemporáneos que reniegan de los números en su mayor cantidad, nuestro autor creía que era muy útil e incluso necesarísima. En su visión no había manera de reemplazarla. La geografía aplicada y la geografía cuantitativa habían llegado para quedarse. Pero lo que había que intentar era utilizarlas para beneficio del pueblo y no en su contra como hacen las empresas transnacionales y el gran capital, a decir de Lacoste.

La geografía “aplicada” o la geografía “cuantitativa” no deben ser discutidas por sus condiciones intrínsecas; la orientación de la primera y los métodos de la segunda son indiscutiblemente positivos y, por otra parte, no es posible frenar su desarrollo. Pero deben denunciarse sus ineluctables consecuencias políticas: el hecho de que estén orientadas en función de las exclusivas preocupaciones del poder y  de que sus resultados sean apropiados por quienes poseen las palancas de mando de las organizaciones burocráticas y financieras confiere simultáneamente un papel especialmente importante en la investigación universitaria (pero a sus insuficiencias), en la medida en que sus resultados son no solamente publicados y discutidos entre “especialistas” sino que pueden alcanzar también por diferentes canales círculos mucho más amplios”. (p. 103-104)

Al respecto de esto, notamos una clara diferencia con los geógrafos críticos que –siguiendo a Harvey probablemente- descartan de raíz los avances y metodologías de la geografía cuantitativa. Otro aspecto que los diferencia.

Conclusión

Tras revisar estos cinco puntos clave dentro del ideario doctrinal y ético de los geógrafos críticos, observamos que las semejanzas son generales, mientras que las diferencias son un tanto más marcadas. Los geógrafos críticos, junto con Lacoste, confían en la certeza del marxismo como teoría social. Ese punto puede ser el ancla común del autor respecto al movimiento.

Sin embargo, en los demás puntos como la información geográfica, la relación entre geografía humana y física, el determinismo en Marx, la ausencia de espacialidad en la literatura marxista o en sus reflexiones acerca de la geografía cuantitativa, notamos más diferencias.

De cualquier manera, los geógrafos críticos no harían mal en recordar que la matemática puede ayudar y perfeccionar el estudio de la geografía, como pensaba Lacoste. Y sobre los puntos más polémicos, podrían ayudar a mejorar sus planteamientos. No olvidemos que Lacoste vivió una época en la cual todos eran víctimas del momento, por lo que su ingenio se orientó a buscar soluciones en el marxismo clásico. Ahora las preguntas que deben buscar respuesta son: cómo solucionamos el problema de la consulta previa, cómo solucionamos el problema de la geografía humana y física, cómo rescatamos los aportes positivos del marxismo y desechamos o cuestionamos lo negativo. Esa es una tarea para los geógrafos de hoy. ¿La estamos realizando? Con certeza, Lacoste sería parte de ese debate.


[Próximamente saldrán algunos artículos tratando de especificar algunos puntos específicos revisados en el presente escrito.]

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