Autor: Alex Marcelo Carrillo Díaz
Geógrafo.
Un ex-compañero de aula de la universidad, que actualmente se desempeña como profesor de Geografía en colegios, hizo una consulta en el grupo de chat donde a veces conversamos: ¿La sequía es un fenómeno climático o meteorológico? Según lo que nos contó, un alumno le hizo esta pregunta y no le pudo contestar, por lo que nos trasladó su duda. Tras un momento de reflexión, con la poca base que tengo en el tema y una somera revisión bibliográfica, era difícil que llegue a una buena respuesta, sin embargo, me atreví a ser creativo y sugerí una definición; una que no he leído en libros pero que, me parece, podría ser más útil, o menos confusa, que la actual definición, y que incluso podría invertir la idea que actualmente damos por válida. Se las comparto para someterla a su juicio crítico.
Definición clásica
Los autores del libro Meteorología y climatología, Ignacio Zuñiga y Emilia Crespo, nos expresan una definición ampliamente aceptada de lo que se entiende por estas materias, a saber: “La atmósfera es la capa gaseosa que rodea la superficie de la Tierra, a la que está confinada por la atracción gravitatoria del propio planeta. La meteorología es la ciencia que estudia la atmósfera y los meteoros o fenómenos tales como el viento, la lluvia, etc., que en ella suceden. El estado de la atmósfera en un momento dado, caracterizado por la temperatura, la presión del aire, la humedad y el viento, se conoce como tiempo atmosférico. El promedio temporal del estado de la atmósfera en un lugar determinado durante un largo periodo de tiempo, decenas de años, es el clima. Podemos decir que la meteorología estudia el tiempo atmosférico y la climatología, el clima” (Zuñiga et al, 4).
Este tipo de conexiones conceptuales son las que llevan a los entendidos a decir que la frase “el clima está loco” es errónea, ya que nosotros no percibimos el clima sino el tiempo atmosférico. El clima solo se puede entender como una secuencia de mediciones consecutivas a lo largo de 25 o 30 años. Por lo tanto, la frase culta debería ser “el tiempo está loco”, en alusión a una circunstancia pseudoanómala que percibimos en nuestra atmósfera habitual presente.
Siguiendo estos conceptos, se llega a afirmar que en la luna, por ejemplo, no hay tiempo atmosférico, debido a que no tiene la fuerza gravitatoria suficiente para retener gases y poseer una atmósfera. Sin atmósfera, no hay tiempo atmosférico (Gómez, 166).
Hasta aquí hemos visto las definiciones ampliamente aceptadas. A continuación les mostraré una propuesta un poco diferente.
Reenfocando la definición de meteorología y climatología
Primero partamos de la definición etimológica. Meteoros, en latín, hace referencia a los fenómenos en el cielo, principalmente destellos luminosos. Por eso, se denomina meteorito al fenómeno luminoso en forma de piedra que cae a nuestro planeta o que viaja por el espacio (meteorito = meteoros: luz en el cielo + litos: piedra).
Por extensión, la persona que estudiaba los fenómenos en el cielo, comprendió que estos son expresiones de la atmósfera, la cual pasó a ser su objeto de estudio global. Así apareció el meteorólogo y la meteorología. Entonces, podemos afirmar que la meteorología estudia los fenómenos atmosféricos en general, desde sus condiciones de origen y su evolución, trátese de rayos o de huracanes, cada uno de estos temas o fenómenos serían parte del objeto de estudio de la meteorología, lo cual no contradice en nada la definición aceptada. La diferencia es que no tiene por qué afirmarse que el estado actual de la atmósfera, vale decir, el llamado “tiempo meteorológico” es lo que estudia centralmente la meteorología. Recuerde esto porque en la conclusión se retomará esta idea.
Mientras tanto, la climatología es definida como el conjunto de mediciones promedio de una atmósfera durante 25 o 30 años. Esta definición, considerando el cambio sugerido de lo que es y lo que no es la meteorología, sufriría un primer cambio también. Si el “tiempo” no es el estudio de la meteorología, entonces, el clima, que se ha definido como la sumatoria de muchos “tiempos”, no tendría una relación del todo a la parte con la meteorología. Digámoslo así, el clima no es la suma de la meteorología, la meteorología no sería parte de la climatología. Si la meteorología estudiase tan solo los fenómenos atmosféricos en general, entonces ¿qué estudiaría la climatología?
Definir a la climatología por el tiempo que requiere ser estudiada hace que su objeto de estudio sea material (atmósfera) y temporal. De allí resulta la dificultad para usar la palabra clima, que por lo demás es muy utilizada en medios populares y de alguna manera expresa algo que todos entienden implícitamente.
Por eso, para intentar superar este problema comunicacional, ofrezco que se defina al clima como la expresión de los fenómenos meteorológicos en un lugar determinado y para un fin específico. El componente fundamental, básico, para determinar y definir al clima sería la localización. La localización absoluta, es decir, la localización respecto al sol o latitud, y de otra parte la localización relativa respecto de accidentes geográficos relevantes, como suele llamarse en la literatura a los factores climáticos, sean la oceanidad o continentalidad, las corrientes oceánicas, la dirección de los vientos, la topografía y la altitud (Zúñiga et al, 196)1.
Luego, es posible que se intente generalizar esta expresión climática y se recurra a un estudio temporal amplio, de 25 años o más, y que se debe hacer por exigencias estadísticas, sin duda. Es perfectamente válido, pero lo que haría este estudio es comprender, científicamente, como se expresa, a fin de cuentas, el clima. El clima pequeño o el clima largo, sigue siendo el clima.
Para ahondar en el asunto, veamos una de las clasificaciones climáticas más conocidas como es la clasificación de Koeppen, donde subdivide los climas en lluviosos tropicales, secos, templados húmedos, fríos húmedos y polares o de nieve (Zúñiga et al, 202). Recordemos que en la definición que arriba sugerí, indiqué que el clima es la expresión de lo meteorológico en un lugar para un fin determinado. En este caso, se hablaría de clasificaciones climáticas en función “al confort del ser humano” o en función a otra variable; podría haber una clasificación útil para una especie vegetal o animal, para fines agropecuarios, o para propósitos de conservación ecosistémica. Dependerá de los criterios que se utilicen, como suele ser con toda clase de regionalización. Además, no olvidemos lo que decía el sabio Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas. Lo que para el ser humano es seco, para otras especies puede ser húmedo.
El clima sí puede estar loco
Luego de revisar los conceptos y plantear algunos cambios en las definiciones de meteorología y climatología, surgen otros cambios más. Por ejemplo, deberíamos hablar de “tiempo climático” o, quizá mejor, “momento climático”, para saber si va a llover o no. Mientras que lo meteorológico sería algo así como la física de la climatología. La meteorología estaría por detrás, agazapada, dándole el soporte matemático y físico al estudio climático, mientras lo climático sería la expresión conjunta y territorial (localizada) del conjunto de variables meteorológicas, sumadas a los factores climáticos detallados anteriormente.
¿Ahora podemos contestarnos si una sequía es un fenómeno meteorológico o climático? Tengo la sensación de que sí se puede. Y si alguien no lo supiera y se limitase a decir que el clima está loco, ya no generaría esa sonrisa burlona de los intelectuales.
BIBLIOGRAFÍA
Zuñiga, I.; Crespo, E. (2015). Meteorología y climatología. UNED
Gómez, M. En qué se parecen las gotas de lluvia al pan de hamburguesa. 120 curiosidades científicas relacionadas con la meteorología. MR. Eltiempo.es
1 Los autores incluyen entre los factores climáticos a los sistemas de alta y baja presión. No los incluí porque asumo que al hablar de vientos se estaría redundando el factor. Si acaso hay una mejor apreciación, podría incluirse ese factor también.
Leyendo la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley aparece una referencia a la geografía que me resulta destacable1.
En una de las tantas escenas, John, un niño “rescatado” de una tribu de salvajes y traído a la “civilización”, está caminando por los pasadizos de la Escuela superior de Eton. Mientras camina por el Instituto, observa las clases que se imparten en el interior de las aulas. En un momento, se topa con un profesor(a) que enseña el curso de Geografía. Lo que dice la novela sobre la clase de geografía es lo que sigue:
“En el aula de geografía de los Beta-Menos, John se enteró de que «una reserva para salvajes es un lugar que, debido a sus condiciones climáticas o geológicas desfavorables, o por su pobreza en recursos naturales, no ha sido civilizado». Se oyó un breve chasquido y el aula quedó a oscuras. En la pantalla situada encima de la cabeza del profesor aparecieron los Penitentes de Acoma postrándose ante nuestra Señora, gimiendo como John les había oído gemir, confesando sus pecados ante Jesús crucificado o ante la imagen del águila de Pukong. Los jóvenes etonianos reían estruendosamente. Sin dejar de gemir, los Penitentes se levantaron, se desnudaron hasta la cintura, y con látigos de nudos, empezaron a azotarse. Las carcajadas, más sonoras todavía, llegaron a ahogar los gemidos de los Penitentes”. (Huxley, 167)
Dos cosas me sorprenden de este relato. La primera es que, en el universo de esta novela futurista, los alumnos se burlen de las prácticas de las culturas tribales que están estancadas en el tiempo. En lo personal, normalmente he presenciado la sorpresa del estudiantado ante prácticas culturales de este tipo pero no precisamente la burla ¿Será posible que en el futuro los jóvenes se burlen de esos temas?
El segundo y más importante aspecto que me sorprendió fue cómo llevan a cabo el estudio de la geografía. En esta escuela, el profesor analiza las condiciones naturales de un entorno para entender el mayor o menor progreso de una comunidad. Esto supone, a mi parecer, que Huxley interpretó la geografía desde la temática central que daba lugar al debate entre deterministas y posibilistas, es decir, estudiando como el medio facilitaba o dificultaba la capacidad de acción humana y su consiguiente desarrollo civilizacional. Esta concepción de la geografía es muy diferente a la que solamente estudia el medio inanimado, la naturaleza inerte. Huxley, en cambio, nos define a la geografía como el estudio del lugar como un condicionante para el desarrollo social.
Es notable como, en 1932, Aldous Huxley haya estado atento al desarrollo de la geografía, época en la que uno podría pensar que esta disciplina aún podía entenderse, popularmente, como el estudio del paisaje natural o las geoformas. Nada más lejos de la realidad. Los intelectuales suelen estar bien enterados de las novedades en su época.
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Aldous Huxley |
BIBLIOGRAFÍA
- Huxley, A. (1932) Un mundo feliz. DEBOLSILLO
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1 Capítulo XI