Lima.- 08 de Octubre del 2014
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"Análisis de la Ecuación Punto Centro Cuadrado en Ecología" - Alex Carrillo Díaz
![]() |
| Modelo geométrico para definir la densidad utilizado por el autor. |
Lima.- 26 de Setiembre del 2014
Teoría e hipótesis son dos
conceptos que en las ciencias sociales suelen no tomarse en serio. Solemos
llamar teoría a todo documento escrito que verse sobre algún tema, independientemente
de cuáles hayan sido los procedimientos de los investigadores para obtener la
información, organizarla y concluir un resultado. La disciplina geográfica, cercana
-según sus propios “epígonos” del siglo XX en adelante- a las ciencias
sociales, incurre en una dejadez semejante al no detenerse cuidadosamente a
distinguir si los aportes de los investigadores son hipótesis o teoría.
En el presente texto defenderemos
la idea según la cual, los estudios del paisaje y las formulaciones
conceptuales desarrolladas en torno a este tema desde la Geografía, no han sido
tanto “teorías” sino más bien hipótesis probablemente erróneas, es decir, que
no explican ni conceptualizan adecuadamente la realidad que estudian.
Si bien es cierto que puede
comprenderse la anterior premisa, podemos preguntarnos, ¿qué relación puede
guardar este intento de demostración sobre la supuesta hipótesis errada del
paisaje con la teoría atómica química? Desde un punto de vista didáctico,
guarda mucha relación, básicamente porque la teoría atómica –cuando fue
planteada como hipótesis- tenía una expresión semejante a la hipótesis del
paisaje.
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| La Hipótesis del paisaje guarda la misma estructura que la hipótesis atómica de John Dalton. |
Aspectos en común entre la
hipótesis atómica y la hipótesis del paisaje
Los estudios sobre el pensamiento
griego así como los textos de química actuales atribuyen la primera concepción
de unidades mínimas indivisibles de materia a Demócrito (siglo V a.C.
aproximadamente). Lo que resulta interesante para la historia de la ciencia es
que esta idea no fue considerada como verdadera sino hasta el siglo XIX, donde
hubo por vez primera la posibilidad –aunque indirecta- de demostrar que la idea
de Demócrito era correcta. Este ejemplo nos ayuda en general a comprender que una
idea puede no ser considerada cierta
por la comunidad estudiosa porque no contamos con los medios tecnológicos para
demostrar su validez, entre otras razones; lo cual nos lleva a pensar que algo
semejante puede ocurrir hoy con proposiciones sobre algún asunto que son ignoradas
o subestimadas; incluso la propia hipótesis del paisaje que aquí la tildaremos
de errada, quizá en el futuro se compruebe y tengamos que aceptar nuestro
errado análisis. Sin embargo, todo esto por ahora no es más que especulación.
Retomando el tema de la hipótesis
atómica, en 1808, el científico inglés John Dalton formuló una definición
precisa de las unidades indivisibles de materia que pasó a denominar átomos, en
honor al concepto de Demócrito. Siguiendo a Raymond Chang, la definición de
átomo elaborada por Dalton se compone de los siguientes 4 apartados:
- Los elementos están formados por partículas extremadamente pequeñas llamadas átomos.
- Todos los átomos de un mismo elemento son idénticos, tienen igual tamaño, masa y propiedades químicas. Los átomos de un elemento son diferentes a los átomos de todos los demás elementos.
- Los compuestos están formados por átomos de más de un elemento. En cualquier compuesto, la relación del número de átomos entre dos de los elementos presentes siempre es un número entero o una fracción sencilla.
- Una reacción química implica solo la separación, combinación o reordenamiento de los átomos; nunca supone la creación o destrucción de los mismos.[1]
Si hacemos un pequeño esfuerzo y
trasladamos el armazón de la propuesta de Dalton, que en la actualidad es
considerada una teoría en química, podemos encontrar que la hipótesis del
paisaje, según la escuela más tradicional del paisaje en geografía, es casi la
misma. Hagamos el solapamiento:
- Los paisajes están formados por partes indivisibles llamadas unidades [unidades de paisaje].
- Todas las unidades de un mismo paisaje son idénticas, tienen iguales características. Las unidades de un paisaje son diferentes a las unidades de todos los demás paisajes.
- Los mosaicos de paisaje están formados por unidades de más de un paisaje.
Notaremos que la estructura de la
hipótesis es semejante. De la misma forma como los químicos buscaron su unidad
indivisible y encontraron el átomo, los geógrafos buscaban su unidad indivisible,
que en este caso es el paisaje, siguiendo las pistas de las elucubraciones de
los geo-paisajistas [los geo-regionalistas pensarían lo propio de la región]. A
todo esto, podríamos cuestionarnos ¿por qué tuvieron diferente derrotero estas
hipótesis?
El método riguroso de la química
Cuando John Dalton realizaba sus
investigaciones dedicaba mucho tiempo a la experimentación y a la reflexión.
Como indicamos, ya se contaba con los requisitos técnicos mínimos para realizar
las mediciones entre los pesos de los gases conocidos en aquel entonces. Según
un texto titulado “John Dalton y la teoría atómica” del dr. Miguel Katz,
destacado químico argentino[2], quien ha trabajado muchos aspectos de
investigación experimental y epistemológica, nos permite introducirnos en el
pensamiento de Dalton por medio de algunas citas al autor. Aquí algunas
conclusiones preliminares de Dalton, antes de definir al átomo como lo resumió
Raymond Chang. La siguiente cita fue escrita en 1803 por Dalton:
“Todos los
gases que penetran en el agua y otros líquidos por medio de una presión, están
mezclados mecánicamente con el líquido y no combinados químicamente con él...
Los gases mezclados de esta manera con el agua, etc., retienen la elasticidad o
poder repulsivo entre sus propias partículas exactamente lo mismo en el agua
que fuera de ella, no interviene el agua ni tiene mayor influencia al respecto
que el mero vacío...Una partícula de gas que presione sobre la superficie del
agua es semejante a una única bala que presiona sobre la cumbre de una pila de
balas de base cuadrada...”[3]
Tras leer esta cita, debemos
entender como Dalton analizaba el comportamiento de la materia cuando se mezclaba
y de qué manera no se combinaban químicamente. En este caso, Dalton interpreta
como el agua y los gases no sufren reacciones químicas, dando lugar a nuevos compuestos,
sino que sus elementos constitutivos se mantenían separados. De allí va
surgiendo la idea que estos elementos se componen de unidades diferentes y que
no siempre la proximidad física de estas daba lugar a un nuevo compuesto
gracias a una reacción química.
Posteriormente en 1808, Dalton afinó
su interpretación y propuso un modelo:
“El
preguntarse si las partículas últimas de un cuerpo, tal como el agua, son todas
semejantes, esto es, de la misma forma, peso, reviste bastante importancia. De
lo que conocemos, no tenemos razón para suponer alguna diversidad en estos
aspectos: si ella existe en el agua, debe existir igualmente en los elementos
que constituyen el agua; a saber hidrógeno y oxígeno. Ahora bien, es casi
imposible concebir como los agregados de partículas diferentes pueden ser tan
uniformemente iguales. Si algunas de las partículas de agua fuese más pesada
que las otras y si alguna porción del líquido estuviera, en alguna ocasión,
constituida principalmente por estas partículas más pesadas, debe suponerse que
esto afectará al peso específico de la masa, circunstancia no conocida. Por lo
tanto, podemos concluir que las partículas últimas de todos los cuerpos
homogéneos son perfectamente iguales en peso, forma, etc. En otras palabras,
cada partícula de agua es igual a toda otra partícula de agua, cada partícula
de hidrógeno es igual a toda otra partícula de hidrógeno, etc…”
De esa forma, nuestro científico
decimonónico nos muestra como sus argumentos son racionales y lógicos, a pesar
que resultan “casi imposibles de concebir”. Sin embargo, las pruebas indirectas
por medio del peso, de la densidad de los cuerpos, así como las herramientas
necesarias para estudiar y separar los gases, de la mano con una incansable
labor de investigación por años, que buscaba explicar la realidad estudiándola
a detalle y sugiriendo modelos explicativos han sido la clave para el
espectacular desarrollo de la ciencia e ingeniería química.
Sin embargo, este progreso
teórico también necesitó ajustes y por ello el profesor Katz muestra los
aportes de otros investigadores como Joseph Louis Gay-Lussac y de Lorenzo
Romano Amadeo Carlo Avogadro. Ambos contribuyeron a solucionar futuros
problemas e incógnitas que la evolución del modelo explicativo iba encontrando.
Al final, fueron los aportes de diferentes personas lo que permitió crear una
teoría de validez “universal”. Por ello es que en la hipótesis de Dalton
resumida por Chang, encontramos aseveraciones de carácter cuantitativo, las
cuales no aparecen en el caso de la hipótesis del paisaje.
Las hipótesis y modelos en
geografía
En el libro “Theoretical
Geography” de William Bunge, este autor se pregunta: “¿Pueden los científicos
confiar en tener éxito si toman prestadas teorías originariamente inventadas en
otros campos del conocimiento? Sin duda, por muy poco plausible que pueda
parecer. Es un hecho comprobado que una vez que la teoría ha sido producida, ha
sido a menudo utilizada para una variedad de temas. En este sentido, existe
unidad de conocimiento”[4].
Los ejemplos que propone William
Bunge son una analogía entre el equilibrio de mercados espacialmente separados
y el comportamiento de la electricidad (Enke); otro ejemplo es un modelo
continuo de transporte basado en las ideas de la hidrodinámica (Beckmann).
Entonces, si la geografía viene
desarrollando hipótesis y modelos basándose en la estructura de las hipótesis y
modelos de otras ciencias podemos considerar que la transferencia desde la
química hacia el estudio del paisaje de la teoría atómica es perfectamente
válida. Sin embargo, lo que debemos medir no es la transferencia en si misma,
sino la utilidad del modelo en la descripción-predicción de su objeto de
estudio. He ahí donde se encuentran nuestras discrepancias.
Los posibles errores de los geo-paisajistas
tradicionales
Los geo-paisajistas
tradicionales, desde Carl Troll hasta George Bertrand (aunque vale agregar que
cada uno tiene algunas opiniones distintas) consideraban que la hipótesis del
paisaje arriba esbozada era cierta.
El problema fue la manera
caprichosa como algunos de ellos quisieron demostrar sus ideas. En el caso de
Bertrand, como demostramos en un texto anterior, no consideraba que había
necesidad de hacer análisis, por lo que sugería que el paisaje había que
estudiarlo como un todo sin segmentarlo. Y he ahí su gran error.
Mientras en química no temían al análisis y buscaron la unidad
indivisible hasta encontrarla y generar una serie de argumentos lógicos para
explicar sus propiedades, los geo-paisajistas odiaban el análisis y creían que
más allá de una escala determinada ya no se debía estudiar su objeto de
estudio: el paisaje. Esa diferencia con los procedimientos químicos marcaron un
derrotero completamente distinto en ambas hipótesis. Al parecer entonces, el
problema fue metodológico antes que de la hipótesis general. Sin embargo, la
hipótesis general puede también ser incorrecta, pero solo podrá saberse si se
hacen las pruebas haciendo investigación sobre paisajes sin temor a recurrir al
análisis.
Una aclaración epistemológica
De acuerdo con Albert Einstein, en
un artículo escrito sobre Bertrand Russell, el destacado físico de la
relatividad nos dice:
“En la evolución del pensamiento
filosófico a través de los siglos ha desempeñado un papel decisivo la cuestión
siguiente: ¿Qué conocimiento puede proporcionar el pensamiento puro con
independencia de la percepción sensorial?”[5]
Esta
pregunta es fundamental para comprender la naturaleza del pensamiento
científico y su papel para elaborar modelos sobre la realidad aun teniendo un
conocimiento parcelario de la realidad misma. Es decir, ¿cuánto necesitamos de
empirismo y de contacto con la realidad para emprender la tarea de elaborar la
hipótesis?
Lo que
sugiere como respuesta Einstein es que en esa pugna entre empirismo e
idealismo, se priorizaban los extremos gracias a que era muy difícil
consensuar, y porque la razón pura –la cual fue analizada por Kant en su
crítica a la razón pura, aunque Einstein le atribuye un mejor análisis a Hume-
aplicada por muchos filósofos griegos había traído una serie de problemas por
desconectarse de la realidad misma. Sin embargo, Einstein nos dice que una vez
avanzados en el área de la investigación empírica, la necesidad de reflexión se
va tornando más importante y en muchos casos adquiere mayor preponderancia que el
empirismo mismo. En esa línea, Albert Einstein concluye su reflexión sobre
Russell indicando que este filósofo había comprendido esta idea, sin embargo aún
se resistía a aceptarla completamente. Empirismo e idealismo, son dos
comportamientos que deben complementarse.
El caso de
la geografía
En el caso
de la geografía, estos aportes de Einstein son relevantes ya que una hipótesis
no debería ser desestimada meramente por haber surgido de una reflexión
profunda antes que de una recopilación de campo detallada. El desarrollo
mental, sea analógico o completamente nuevo, es necesario y recomendable. Sin
embargo, en la geografía nos hemos dejado llevar por un requisito innecesario
de las hipótesis y teorías científicas, a saber: la plausibilidad. La hipótesis
del paisaje, antes que comprobada, nos resulta plausible a priori –antes de la
experiencia- y no ha reportado mayores análisis ni críticas por parte de muchas
generaciones de geógrafos que aceptan sin mayor dubitación sus conclusiones y
argumentos. Por ejemplo, Claudia Baxendale reconoce que lo elaborado por los
geo-paisajistas son parte de la base de los estudios para el “ordenamiento
territorial”.
“Así entonces bajo esta visión sistémica los paisajes
son utilizados como unidades básicas en proyectos de ordenamiento territorial
para el análisis, diagnóstico y propuesta del modelo de uso del territorio”[6].
Lo
relevante es que se trata de una geógrafa orientada a la investigación con
sistemas de información geográfica vinculada fuertemente a los aportes de la
geografía cuantitativa quien ampara y considera estas endebles consideraciones
sobre el paisaje provenientes de los geo-paisajistas, a pesar de haber indicado
algunas salvedades y distanciarse algo de los mismos.
De otro
lado, también encontramos voces críticas como la de Roger Brunet, o intentos de
unificación entre las diferentes escuelas de pensamiento, como es el caso del
cubano José Mateo Rodríguez, donde podemos encontrar una importante polémica y
análisis, sin que lleguemos a un replanteamiento de la hipótesis, sea porque
debemos desecharla o redefinirla.
En
cualquier caso, como indicábamos, la plausibilidad, un requisito que según
William Bunge confundió a Kant y lo llevó a decir que los seres humanos hemos
nacido con ciertos poderes para distinguir lo real de lo no real, no es otra
cosa sino la intuición y la aculturación. Estas son las causas de que nos sea más
natural o fácil interpretar la realidad de una manera determinada, a eso le
llaman plausibilidad, y el problema es que los geógrafos aun no salimos de este
charco, que por la duración ya casi parece un pantano. Con estos textos se
pretende dar un paso en esa dirección.
Conclusión
La
hipótesis del paisaje en la geografía mantiene una estructura semejante a la de
la teoría atómica, sin embargo el pensamiento analógico y la plausibilidad se
impusieron para difundir sus conceptos como si fueran verdades o teoría antes
que la investigación metódica que hiciera lógica la descripción-interpretación-predicción
del paisaje.
Las
investigaciones en otras ciencias muestran mucha dedicación por el análisis y
se suele dejar de lado aspectos caprichosos respecto a la escala en la que debe
trabajar el investigador.
Resulta
revelador el hecho que debemos encontrar un equilibrio entre desarrollo mental
y empirismo, sin temor a tomar la estructura de hipótesis y teorías de otras
disciplinas, con el cuidado necesario para estudiar hechos de la realidad
geográfica.
Otro gran
problema es que el desarrollo mental de conceptos de los geo-paisajistas ha
sido excesivamente vinculado a la teoría atómica y no ha tenido el cuidado
suficiente por falta de lógica (filosofía), por aspectos caprichosos o
discrecionales (como negarse al análisis creyendo que las unidades indivisibles
de paisaje ya no pueden subdividirse, como si fueran átomos reales), o por
falta de tecnología (es posible que con el avance de la fotografía y la
tecnología satelital pueda avanzarse mucho en el estudio del paisaje). Sin
embargo, a la luz de lo que se viene realizando en investigación, es claro que
debemos hacer un deslinde con las erróneas elaboraciones de los geógrafos del
siglo XX, particularmente con los geo-paisajistas.
[1] CHANG, Raymond; “Química”, 9° ed.;
McGraw-Hill Interamericana, 2007, pág. 42
[2]
Para mayores referencias sobre Miguel Katz pueden revisar su bitácora de
artículos en pdf: http://institutojvgonzalez.buenosaires.edu.ar/quimica/material/katz.html
O también leer como un diario argentino lamentaba su
fallecimiento tras una serie de aportes en su campo de estudio: http://www.lagaceta.com.ar/nota/513819/tucumanos/dr-miguel-katz.html
[3]
KATZ, Miguel; “Epistemología e Historia de la Química – Curso 2011”, pág. 90.
[4]
GÓMEZ, Josefina; et al; “El Pensamiento geográfico”, Alianza Editorial, 1982
(1988 - 2° edición) pág. 404.
[5]
EINSTEIN, Albert; “Mis creencias”, Ed. El aleph, 2000
[6] BAXENDALE,
Claudia; “El estudio del paisaje desde la Geografía. Aportes para reflexiones
multidisciplinarias en las prácticas del ordenamiento territorial”, Fronteras
9:25-31, 2010.
Lima.- 13 de Setiembre del 2014
Ben Bernanke y Andrew Abel han escrito un libro de consulta titulado
“Macroeconomía”[1].
En este libro, del cual hemos revisado la cuarta edición reimpresa en el 2005
por la editorial Pearson Educación, se
presenta un ejemplo de elaboración de teoría
económica. Sin embargo, este ejemplo no solamente es un modelo económico, sino también un modelo geográfico, ya
que estudia el comportamiento económico de una decisión localizacional, o -en
viceversa, el comportamiento localizacional de una decisión económica, sea si
desean ver el fenómeno con ojos de economista o de geógrafo, respectivamente.
A continuación citamos el ejemplo de cómo se construye una teoría según
Bernanke y Abel.
![]() |
| El libro de Ben Bernanke, ex-presidente de la FED, contiene un ilustrativo modelo geográfico. |
Desarrollo y
contrastación de una teoría económica**
Primer
Paso. Formular la pregunta que se va a investigar. Ejemplo: ¿de qué depende el flujo de tráfico de la ciudad en las
horas punta?
Segundo
paso. Postular supuestos provisionales que describan el entorno. El supuesto
sobre la conducta es que los trabajadores eligen los itinerarios que reducen lo
más posible el tiempo de desplazamiento.
Tercer
paso. Formular las consecuencias de la teoría. Ejemplo: utilizar el plano de la ciudad para trazar una ruta que
reduzca lo más posible el tiempo de desplazamiento.
Cuarto
paso. Realizar un análisis empírico para comparar las consecuencias de la
teoría con los datos. Ejemplo:
realizar una encuesta a los trabajadores para averiguar (1) dónde viven, (2)
dónde trabajan y (3) qué itinerarios siguen para ir a trabajar. A continuación
averiguar si los itinerarios que predice el modelo generalmente son los mismos
que se declaran en la encuesta.
Quinto
paso. Evaluar los resultados de las comparaciones.
Si la teoría concuerda bien
con los datos:
utilizar la teoría para predecir lo que ocurrirá si cambia el entorno económico
o la política económica. Ejemplo:
utilizar el supuesto del tiempo mínimo de desplazamiento para evaluar los efectos
que producirá en el tráfico una nueva urbanización imaginando los itinerarios
que es probable que tomen los residentes.
Si la teoría concuerda
mal con los datos:
volver a empezar desde el principio con un nuevo modelo. Repetir desde el segundo
paso hasta el quinto. Ejemplo:
modificar los supuestos provisionales sobre la conducta de la manera siguiente:
los trabajadores eligen el itinerario que reduce lo más posible la distancia
que deben recorrer con el automóvil (no el tiempo que tardan en desplazarse).
Si la teoría concuerda
moderadamente bien con los datos:
arreglárselas con la teoría parcialmente fructífera o modificar el modelo con
otros supuestos más y repetir desde el tercer paso hasta el quinto. Ejemplo: una posible modificación del supuesto
del tiempo mínimo de desplazamiento es que los trabajadores elegirán los itinerarios
más pintorescos frente a los menos pintorescos, si el tiempo de desplazamiento
no aumenta más que unos minutos. Para contrastar el modelo con este supuesto
modificado, debemos averiguar cuáles son los itinerarios más pintorescos (los
que pasan por un lago) y cuáles son los menos pintorescos (los que pasan por un
vertedero).
![]() |
| Fotografía del texto transcrito arriba |
Opiniones favorables sobre el ejemplo de Bernanke y Abel
En primer lugar, hay que recordar que los autores han elaborado
un ejemplo de teorización organizado de manera simple pues su obra está dirigida
a estudiantes que se inician en el mundo de la macroeconomía. En esa
perspectiva hay que destacar la claridad y orden con el que proceden los autores.
En segundo lugar hay que rescatar la apuesta de los autores
por contrastar tanto los datos de entrada o supuestos, así como sus efectos,
con los hechos que ocurren en la realidad. En ese sentido, se mantiene la
coherencia conceptual y empírica.
En tercer lugar es importante mencionar que los autores, aun
siendo economistas, no recurren meramente a causas económicas –como el ahorro o
la maximización de beneficios- sino que incluyen como posibilidad causal una
característica irracional para el homo
economicus, como es la contemplación del paisaje. Independientemente de que
sea verdadera o falsa en la praxis, el ejemplo nos sugiere que pensemos causas
de diferente naturaleza cuando busquemos los aspectos más importantes que
aproximen el modelo a la descripción y predicción de la realidad.
Opiniones polémicas sobre el ejemplo de Bernanke y Abel
Ausencia de la
observación-experimentación inicial: Si analizamos detenidamente el paso 1
y 2 del ejemplo de Bernanke y Abel, notaremos que la recomendación metodológica
de los economistas consiste en pasar de una pregunta
de investigación o enigma de interés, hacia
la generación de supuestos. De ese modo, a pesar de ser un libro de
introducción, los autores pueden estar obviando la importancia de la
observación meticulosa y la investigación previa a la generación de supuestos.
Para comprenderlo mejor, podemos analizar los procedimientos del
método científico desde la perspectiva de otra ciencia. En el libro de Química[2]
(9° ed.) de Raymond Chang, el destacado profesor enumera los pasos del método
científico resumidamente de la siguiente manera: “observación, representación e interpretación”.
“El primer paso consiste en
definir minuciosamente el problema. El siguiente es realizar experimentos,
elaborar observaciones detalladas y registrar la información, o datos,
concernientes al sistema, es decir, a la parte del universo que se investiga.”
“Una vez terminados los
experimentos y registrados los datos, el paso siguiente del método científico
es la interpretación, en la que el científico intenta explicar el fenómeno observado. Con base en los datos
recopilados, el investigador formula una hipótesis, que es una explicación tentativa de un conjunto de
observaciones. Luego, se diseñan experimentos
adicionales para verificar la validez de la hipótesis en tantas formas como
sea posible y el proceso se inicia de nuevo.”
En la concepción de la investigación en química según
Raymond Chang, existe un paso previo a la definición de las suposiciones y
generalizaciones, el cual es la observación-investigación-experimentación para definir
la hipótesis. El método para desarrollar teoría según los economistas asume
muchas verdades muy rápidamente y no analiza los propios supuestos sobre los
que se basa. Es decir, el método de los economistas asume como ciertos muchos supuestos antes de ponerlos a prueba. Este aspecto, en la práctica, ha traído mucha controversia y
problemas no solo dentro de la economía, sino también dentro de la geografía.
Por ejemplo, David Harvey fue un destacado filósofo de la
geografía que basaba sus razonamientos en el método científico, sin embargo
dejó de creer en los métodos y resultados de esta vertiente de investigación
geográfica por la excesiva simplificación de los modelos elaborados,
generalmente basados en la “teoría” económica.
Probablemente, esta diferencia procedimental entre los
químicos y los economistas, sea la causa del vacío teórico que aun presentan las ciencias humanas, así como la geografía. Mientras los químicos investigan a fondo un asunto para declarar una hipótesis, la cual será estudiada con análisis más detallados dado que se conoce mejor su naturaleza tras las primeras investigaciones, con miras a generar una teoría; los científicos menos rigurosos -como los economistas y geógrafos- se apresuran en representar la realidad y pasar a las generalizaciones y supuestos sin haber modelado estos antes. El resultado es la excesiva simplificación de la realidad, pasando por alto factores y/o aspectos importantes a tener en cuenta.
Por lo tanto, habría que agregar una fase de investigación en el ejemplo analizado. Esta fase consiste en estudiar el tema de investigación antes de elaborar los supuestos sobre los que se trabajará la hipótesis de
investigación.
¿Teoría o hipótesis?
A todo esto, lo más desconcertante es la diferente
definición que tienen economistas y químicos sobre lo que es una teoría.
Bernanke y Abel se refieren a su ejemplo como elaboración de una “teoría
económica”. Incluso indican que la teoría puede concordar mal con los datos.
Esa misma definición es contradictoria con la epistemología fundada en las
llamadas ciencias “duras”.
Un químico, como el citado Raymond Chang, considera que
teoría se define como una “hipótesis que resiste muchas pruebas experimentales
de su validez”. Es decir, un intento de explicación es una hipótesis, y solo
demostrada bajo diferentes circunstancias se le considera teoría. Una teoría
que no concuerda con los datos –como indican los economistas- es como un
círculo con forma cuadrada, o sea, un sinsentido.
No obstante, es válido aclarar que mucho conocimiento ha
sido considerado como verdadero por mucho tiempo y ha sido refutado
posteriormente, sin embargo sería aconsejable pensar si ese conocimiento
refutado era realmente teórico, es decir, analizar si fue aceptado por su
validez mediante sucesivas investigaciones o por simple convencionalismo o
intuición. Si el caso fuera que ese conocimiento aparentemente verdadero fue
aceptado por intuición o convención, entonces se trataba de una hipótesis –y quien
diga lo contrario estaría embriagado del concepto de “teoría” utilizado en
ciencias sociales.
Sin embargo, a pesar del gran avance y las muestras
pan-disciplinarias que nos brinda la investigación en las ciencias mejor
consolidadas, los filósofos o conceptualizadores de las ciencias como la
economía o la geografía no suelen tomar en serio este desarrollo conceptual
sobre la organización del conocimiento y la investigación. Un ejemplo es que para
nosotros, teoría es lo mismo que hipótesis.
Para dejar un esquema sobre cómo plantear la
observación-experimentación para obtener la hipótesis y los supuestos, veamos el
siguiente esquema sobre investigación cuantitativa encontrado en el libro “Análisis
estadístico multivariante. Un enfoque teórico y práctico”[3].
![]() |
| Tomado del libro "Análisis Multivariante". |
Compartimos también un video que muestra los pasos para hacer un modelo con SIG, de nuestro amigo del blog de Franz. Para mayor información, revisen su página: www.acolita.com
Conclusión
Los pasos para elaborar una hipótesis o teoría según los
economistas Bernanke y Abel son ilustrativos y bien elaborados, salvo por la
ausencia de una mayor dedicación en el estudio preliminar para comprender las “condiciones”
en que se desarrolla un fenómeno determinado. Al comparar los aspectos
metodológicos de los economistas con los químicos encontramos precisamente esas
diferencias, que los lleva a incidir en un concepto que los científicos
sociales confunden: hipótesis y teoría. En cualquier caso, podemos revisar el
esquema resumen mostrado en el libro sobre análisis estadístico multivariante
para tener una muestra de lo que podría ser una manera de hacer investigación
teórica.
**Tomado del libro Macroeconomía.
[1] Abel,
A. B.; Bernanke, B. S.; “Macroeconomía”; 4 ed.; Pearson Educación S.A.; 2004
[2] Chang, Raymond; “Química”; 9° ed.;
Mc-Graw Hill; 2007.
[3] De
la Garza, Jorge; Morales, Blanca; González, Beatriz; “Análisis estadístico
multivariante. Un enfoque teórico y práctico”, Ed. Mc-Graw Hill/Interamericana
editores, México, 2013
Lima.- 03 de Setiembre del 2014
¿Quién es George Bertrand?
George Bertrand es un geógrafo francés, quien ha sido director del Instituto de
paisajismo de la universidad de Toulouse – Le Mirail, y ha escrito muchos
artículos y libros sobre geografía y paisaje. Uno de sus aportes más conocidos
es el sistema GTP, en referencia a los conceptos geosistema (G), territorio (T)
y paisaje (P), aparecido en su libro que fue traducido con el nombre “Geografía
del medio ambiente”. Su obra es un paso necesario para conocer que ideas y
problemas se formularon los geógrafos que buscaban una reinterpretación de la
geografía a partir del concepto de paisaje en la segunda mitad del siglo XX.
Paisaje: una referencia común
Las primeras ideas acerca del paisaje donde encontramos
algunas definiciones semejantes a las de George Bertrand podemos encontrarlas
en la obra de Carl Troll, quien aportó lo siguiente:
“Bajo el término de “paisaje
geográfico” se incluye un sector de la superficie terrestre definido por una
configuración espacial determinada, resultante de su aspecto exterior, del
conjunto de sus elementos y de sus relaciones externas e internas, que queda
enmascarado por los límites naturales de otros paisajes de distinto carácter”.[1]
No obstante, el propio Carl Troll destaca que fue Sigfried
Passarge el primero en utilizar la voz “ciencia del paisaje”. En otra
oportundad nos dedicaremos a estudiar por qué esta definición de paisaje, en
realidad, no fue una novedad en geografía ya que denota o significa lo mismo
que el concepto “región” utilizado por Vidal de la Blache y posteriormente por
Richard Hartshorne.
Independientemente de esta salvedad, la definición citada funge
como la referencia más general que comparten muchos geógrafos hasta la
actualidad sobre el paisaje. George Bertrand no es ajeno a esta adherencia
conceptual, solamente que, en su caso, además de asumir dicha definición,
agregó otras ideas que le darían cierta originalidad y aires de profundización.
Intención de los geopaisajistas
El principal enigma al que se enfrentaron los “geopaisajistas”[2]
fue identificar cuáles son los criterios correctos para delimitar un paisaje y
distinguirlo de otro. Precisamente en ese intento es cuando se confunden casi
completamente con los “georegionalistas”[3].
[Al final del texto pueden leer los significados de geopaisajista y
georegionalista].
En medio del intento por distinguir los paisajes entre sí,
había otro problema transversal en la geografía de la Europa latina, es decir
en la geografía practicada desde Portugal, España y Francia por lo menos. Ese
problema transversal era cómo justificar que la geografía era una ciencia[4].
A fines de los años 1960, fecha cuando escribe Bertrand su libro “Paisaje y
geografía física global”, ya se discutía
sobre la inconexión entre la geografía física y la geografía humana, así como
qué lugar ocupaba la geografía tras la aparición de la ecología.
Por estos motivos, la búsqueda de la “unidad espacial” como
objeto de estudio de la geografía para los geopaisajistas implicaba una
revolución teórica que le brinde unidad a la geografía y la rescate de su
desmembración e inclusive su futura extinción como disciplina.
Intención científica de Bertrand: la ciencia diagonal
En el sentido de los geopaisajistas, George Bertrand
buscaría la unidad espacial o unidad de paisaje. Sin embargo, su propuesta
metodológica excluye los intentos de “análisis”. La separación del todo en
sus partes constituyentes no forma una posibilidad de estudio para George
Bertrand. ¿Qué significa esto? George Bertrand creía que separar el paisaje, es
decir aquello que podemos observar a nuestro alrededor, implicaba regresar a la
geografía a un estado de desmembramiento, donde no se interconectarían la
geografía física con la geografía humana.
“El
paisaje en cuanto objeto, tal como ya lo hemos definido, exige un tratamiento científico propio. Por un
lado, escapa a los diversos análisis sectoriales
así como a la suma a posteriori de los mismos…”[5]
“El paisaje no es simplemente la suma de unos elementos geográficos
incoherentes. Es el resultado, sobre una cierta porción de espacio, de la combinación
dinámica y, por lo tanto, inestable, de elementos físicos, biológicos y
antrópicos que interactuando dialécticamente los unos con los otros hacen del
paisaje un conjunto único e indisociable en continua evolución”.[6]
[La geografía física] “… sigue
siendo esencialmente analítica y “separativa”, cuando el estudio de los paisajes no se puede realizar si no es en el marco de
una geografía física-global”.[7]
Resulta claro entender la desconsideración de Bertrand
respecto a la naturaleza analítica y separativa de la geografía física, así
como su apuesta por una suerte de “integralidad” en el estudio de los paisajes.
Para Bertrand, la naturaleza analítica de la geografía física era un aspecto
negativo que debía ser desechado. Sin embargo, este camino adoptado por
Bertrand lo llevaría a algunas contradicciones insalvables con otros geopaisajistas,
como negar la necesidad de delimitar los
paisajes.
Negar la necesidad de la delimitación de paisajes
En el momento de estudiar la totalidad, Bertrand se ve en la
complicada situación de negar una de las necesidades principales de los
geopaisajistas, a saber: delimitar paisajes. De esta manera llega a afirmar que
el criterio de delimitación paisajístico es secundario. Posteriormente intenta
proponer un criterio de delimitación, el cual lo citamos a continuación:
“Para cada tipo de fenómenos
existen unos “umbrales de manifestación” y de “extinción”, que son los únicos
que pueden servir legítimamente de base para una delimitación sistemática de
paisajes en unidades jerarquizadas”.[8]
¿Cuál es la contradicción en todo esto? La contradicción
radica en que el umbral de manifestación y extinción para un objeto del paisaje
como puede ser una comunidad vegetal, o incluso una especie en específico, no
necesariamente lo es para toda su comunidad o para otra especie. Los umbrales
varían por especie. Podemos encontrar una combinación visual de plantas determinada
en un lugar cualquiera, ubicado en un tipo determinado de pendiente, entre
otras características del entorno visual. Sin embargo los umbrales diferentes
para cada especie harán que exista una gradación de paisaje porque algunas irán
desapareciendo lentamente mientras que otras podrían intensificar su presencia ¿En
ese momento nos encontraremos ya en otro paisaje o seguimos en el mismo?¿Los
umbrales tomados por especie no suponen un “análisis” de las partes y no del
todo?¿En qué momento podemos hablar de unidad espacial del paisaje en un
entorno donde predomina las diferencias?
La respuesta metodológica más acertada podría ser: “descomponiendo
el paisaje en sus componentes” [valga la redundancia]. Es decir, si en una
comunidad vegetal, a la cual visualmente la identificamos como un paisaje de
nombre “A”, se le sustrayera una o varias de esas especies y se mantuviesen
solamente 4 ó 3 ó 2 especies de las que tenía anteriormente, en combinación con
algunas otras nuevas especies introducidas pasaría a ser un paisaje “B”. El
conteo realizado supone análisis, o lo que es lo mismo, desagregación del todo
en sus partes. Mientras que, si asumimos las bases metodológicas de Bertrand
tendríamos que conformarnos con el cambio de la totalidad, pero ¿no es la
totalidad la suma de sus partes? No es posible prescindir del análisis,
simplemente es un absurdo.
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Ambas vertientes ¿son un solo paisaje o dos paisajes diferentes? Sin un análisis que tome en cuenta tanto a los individuos como a la totalidad será muy complicado definirlo. Sin embargo, Georges Bertrand no consideraba el análisis como forma de investigación.
Propiedad emergente = Suma de las partes
El argumento de que una totalidad es más que la suma de sus
partes proviene de la época griega clásica y hoy se interpreta como la
aparición de propiedades emergentes en los sistemas. Por ejemplo, el hidrógeno
y el oxígeno son gases cuando están separados químicamente, cuando se combinan
forman líquido, adquiriendo una propiedad que sus elementos por separado no
poseen; del mismo modo podría pensarse respecto a las unidades espaciales de
paisaje. Al estudio de las propiedades emergentes, George Bertrand lo considera
campo de la “ciencia diagonal”, de la cual una de sus representantes es la “ciencia
del paisaje”.
Por lo tanto, si seguimos los planteamientos de Bertrand, estas
propiedades emergentes que caracterizarían el paisaje son los objetos de
estudio del geógrafo. Así, el geógrafo no miraría el árbol sino el bosque. Un
cambio en una propiedad emergente implicaría un cambio en el paisaje. Sin embargo
habría otro problema a tener en cuenta: la naturaleza científica de tales
mediciones.
Medir la propiedad emergente de un paisaje como, por
ejemplo, la generación de oxígeno en un bosque tropical sería propia de biólogos,
no de geógrafos. Medir la depuración de contaminantes en una corriente fluvial
sería propio de la bioquímica. Medir la resiliencia del ecosistema sería propio
de ecólogos, etc. ¿Sería geográfico estudiar las propiedades emergentes?
Acabamos de ver que no necesariamente, por lo tanto, seguir este camino
esbozado remotamente por Bertrand no nos llevaría a ninguna meta esperada para
encontrar la integración teórico-metodológica de la geografía. Y lo que aumenta la contradicción, es que muchas de estas propiedades emergentes no pueden ser "observadas con los ojos"[valga la redundancia], por lo tanto no serían parte del paisaje, el cual necesariamente debe percibirse con el sentido de la vista. A estos problemas se enfrenta la propuesta georegionalista de Bertrand.
Imposibilidad del estudio global del paisaje al estilo
Bertrand
En un artículo de 1972, de George Bertrand, titulado “La ciencia del Paisaje”, nuestro
autor es muy preciso al dejar de lado la alternativa analítica e interdisciplinaria
y se enfoca completamente en su idea de ciencia diagonal o de las propiedades
emergentes.
“El paisaje en cuanto objeto, tal como ya lo hemos definido, exige un tratamiento científico propio.
Por un lado, escapa a los diversos
análisis sectoriales así como a la suma a posterior de los mismos…”[9]
Bertrand no cree en el análisis. Su apuesta por la
integralidad y las propiedades emergentes, sin embargo, no es más que un
discurso antes que una sistematización exenta de contradicciones. La pasión por
sus propias ideas lo lleva a decir que el exceso de especialización en la
geografía ha desmembrado la disciplina y que eso se debe al pensamiento
positivista imperante en Francia. No obstante, una revisión de los textos de
Comte o de las ideas de la Escuela de Frankfurt, en autores como Rudolph Carnap
por citar uno, nos muestra que la ciencia positiva era una meta por lograr un
sistema unificado de conocimiento, donde se buscaba tanto la especialización como
los puentes entre las disciplinas. El positivismo no buscaba el desmembramiento
sino la unidad.
La causa de la falta de coherencia en la disciplina
geográfica no fue la especialización, como creyó Bertrand, sino de los erróneos
planteamientos y directrices epistemológicas que dejaron sin coherencia al
estudio de la geografía en los países de la Europa latina. Muy diferente fue el
caso de la geografía anglosajona y nórdica, donde sí lograron sistematizar una
geografía avanzada gracias a mejores directrices epistemológicas.
Regresando a las afirmaciones de Bertrand, podemos leer la siguiente cita donde el autor se niega a confiar en la interdisciplinariedad como posibilidad metodológica a su campo de estudio, el paisaje. Bertrand considera que la interdisciplinariedad no es la solución. Tácitamente nos hace entender que, en su opinión, solamente el surgimiento de una "ciencia de las propiedades emergentes" o "ciencia diagonal" es la que puede abordar adecuadamente el estudio del paisaje. Veamos:
“Y por otro, la investigación interdisciplinaria,
que permite el diálogo y articular los nuevos temas, no pasa de ser un paliativo o una fase preparatoria, ya que los
intereses disciplinarios y las estructuras mentales permanecen”.[10]
Bertrand no creía en la manera de
hacer ciencia mediante el análisis ni en los puentes que puedan construirse. Él
buscaba un nuevo sistema de conocimiento respecto a propiedades emergentes que,
efectivamente, no pudo sistematizar.
Directrices de George Bertrand
Resulta importante destacar que
la definición de la geografía no es el único aspecto que debe conocerse para sospechar
sensatamente el resultado de una directriz epistemológica en general. La definición
básica, según Bertrand, que guiaba el estudio de la geografía era el “estudio
global del medio ambiente humano”. Y le rinde homenaje a Vidal de la Blache así
como a Max Sorre por haber brindado esta propuesta, así como por mantener a la
geografía como la mejor bisagra entre las ciencias humanas y las ciencias
naturales.
Mientras Bertrand esto decía en
Francia, resulta interesante leer a un propulsor de la geografía teórica, quién
si acertó en muchos planteamientos, conceptos y modelos propuestos, como es
William Bunge en Norteamérica. Sin embargo, la definición de geografía que toma
en cuenta durante su etapa central de desarrollo puramente cuantitativo es la
de Richard Hartshorne, quien indicó “La superficie de la tierra como morada del
hombre”. Esta definición es prácticamente la misma que la de su colega francés.
Por lo tanto, a pesar del sesgo
antropocentrista de la definición de Hartshorne, recogida por William Bunge, [antropocentrismo
que se mantuvo en Peter Haggett], no fue tanto la definición de geografía lo
que guió la revolución metodológica anglosajona y nórdica, sino la confianza en
las fuentes espaciales y matemáticas, ambas de tradición griega, las que guiaron
el quehacer intelectual de los geógrafos anglosajones y nórdicos, en medio de
una creciente confianza por la unidad del conocimiento científico.
Es decir, no solamente partían de
la definición de geografía, la cual era semejante, había que tener en cuenta el
trasfondo. En este caso, el trasfondo matemático-espacial griego recogido por
la geografía cuantitativa fue superior al trasfondo historicista-relativista de
los geopaisajistas, entre otros semejantes, que los llevó a un sinnúmero de
contradicciones y errores de todo tipo.
Conclusión
George Bertrand fue un geógrafo
enfocado en el estudio del paisaje para promover un nuevo eje de desarrollo de
la geografía e integrarla ante la desmembración que sufría esta disciplina en
su seno, con la división entre geografía humana y geografía física, así como
ante la aparición de nuevas disciplinas que estudiaban el medio-ambiente.
Su propuesta recogida de los
geopaisajistas anteriores a él, lo llevó a proponer un nuevo sistema de
conocimientos que se enfocase en las propiedades emergentes de los sistemas,
que el mismo Bertrand denominaba “ciencia diagonal”. En el camino cerró las
posibilidades al análisis de los paisajes, así como a la necesidad de delimitar
los mismos. El desarrollo de sus ideas lo llevó al aislacionismo e incluso a no
creer en la interdisciplinariedad por apostar en un sistema metodológico que aún
no existía y que no pudo crear.
[1]
Pensamiento geógrafico, Josefina Goméz et al; pág. 326.
[2]
Denominaremos “geopaisajistas” a los geógrafos que buscaban encontrar en el
paisaje a su objeto de estudio.
[3] Denominaremos
“georegionalistas” a los geógrafos que buscaban encontrar en la región a su
objeto de estudio.
[4]
Para mayores detalles puede revisarse el portal de Geocrítica donde encontrarán
muchos artículos sobre los problemas epistemológicos en la geografía, y las
claras diferencias entre los geógrafos según su país natal.
[5]
Ibíd.467.
[6] Ibíd.
Pág. 462.
[7] Ibíd.
Pág. 461-462.
[8] Ibíd.
462
[9]
Ibíd.467.
[10]
Ibíd. 468.







